Inmigración y desempleo

La inmigración en datos

En unas pocas décadas España ha pasado de ser un país emisor de emigrantes a ser un receptor de flujo migratorio.

A partir de 1973, con la crisis del petróleo, la emigración de españoles al extranjero empezó a dejar de ser significativa y se produjo el retorno de muchos emigrantes españoles.
La inmigración en España, desde la década de 1990, se ha convertido en un fenómeno de gran importancia demográfica y económica. Según el INE, a primero de enero de 2011 residían en el país casi 6,7 millones de personas nacidas fuera de sus fronteras (de los cuales casi un millón habían adquirido la nacionalidad española).
Desde el año 2000 España ha presentado una de las mayores tasas de inmigración del mundo (de tres a cuatro veces mayor que la tasa media de Estados Unidos, ocho veces más que la francesa. En el año 2005 sólo era superada en términos relativos en el continente europeo por Chipre y Andorra)

En la actualidad, sin embargo, su tasa de inmigración neta llega sólo al 0,99%, ocupando el puesto número 15 dentro de la Unión Europea.[] Es además, el noveno país con mayor porcentaje de inmigrantes dentro de la misma

A causa de la crisis económica que atraviesa España, del 2010 al 2011,se produjo un descenso por primera vez en la historia de 37.056 personas en cifras absolutas

En 2011, la población de origen foráneo representaba el 14,1% de una población total registrada de 47,1 millones de personas. Esto contrasta con mediados de los años 90, cuando su número era de cerca de un millón y su porcentaje rondaba el 2,5% de la población total

El número de inmigrantes europeos de países fuera de la UE entre 1998 y 2011, y su peso porcentual en el total de la inmigración pasó de 6,6% a 21%.

Los porqués de la inmigración en España

La inmigración en España presenta un carácter multifactorial. Entre sus principales causas se encuentran:

El factor más importante de atracción migratoria es el desarrollo económico que mostró España desde 1993 hasta 2008. Basada en un crecimiento de la construcción y el turismo, la economía española ha venido necesitando una gran cantidad de mano de obra. En 2005, el país había creado unos 900.000 trabajos netos, de los que cerca de un 40% fueron ocupado por extranjeros.

La identidad cultural y lingüística con latinoamérica, de donde procedían el 36,21% de los extranjeros en 2006, es un importante factor de elección para los inmigrantes de esta procedencia.

La suavidad del clima en el contexto europeo y la atracción por el modo de vida, siguiendo el efecto Sun Belt. El 21,06% de los extranjeros que hay en España proceden de Europa Occidental, especialmente de Reino Unido, concentrándose en las regiones insulares y en Alicante y Málaga. Muchos de ellos son inmigrantes de alto ingresos: jubilados, trabajadores a distancia con Internet o que establecen negocios, por lo general relacionados con la hostelería.

La cercanía geográfica al continente africano: con fronteras terrestres con Marruecos, las islas Canarias próximas al oeste africano y el propio sur peninsular cercano al Magreb. La renta per cápita española era, en 2001, doce veces superior a la de un marroquí; así, la frontera hispano-marroquí es la más desigual en términos económicos de toda la OCDE. El 18,13% de los extranjeros censados en España en 2006 procedían de este continente, muy especialmente de Marruecos.

Distribución geográfica de la inmigración en España

La población extranjera se suele concentrar en las zonas de mayor dinamismo económico del país, y por tanto con mayor necesidad de mano de obra. Así, las zonas de España con mayor proporción de inmigrantes son Madrid y su área de influencia, el arco mediterráneo y las islas.
En el caso de los inmigrantes comunitarios, muchos buscan el poder disfrutar de un clima más suave que el de sus países de origen; de esta manera, los residentes de la Unión Europea se suelen concentrar en las costas de Levante, Andalucía, Baleares y Canarias.

Ocupación laboral de los inmigrantes en España

 

Distribución de inmigrantes según el sector profesional en 2005:

 

De todas maneras, la ocupación laboral en el que trabajan los inmigrantes en España varía de manera importante en función de la nacionalidad:

  • Unión Europea: profesiones liberales y finanzas.
  • Los latinoamericanos por este orden hostelería, servicio doméstico, construcción, agricultura e industria
  • Este de Europa: La gran mayoría en construcción y una menor parte agricultura e industria
  • Africanos y magrebíes: Gran parte en la agricultura y en menor medida en la construcción

Consecuencias demográficas

La consecuencia más llamativa de la inmigración en España ha sido el aumento de la población: así, entre 1998 y 2005 España había crecido en 4.255.880 habitantes, lo que representa un crecimiento del 10,68% de la población en 7 años. La mayor parte de esta cifra se debe a la llegada masiva de inmigrantes durante este período.

 

Además, la mayor natalidad de la población inmigrante es la principal causa del repunte de la fecundidad que se ha producido en el país, pasando de una tasa bruta de natalidad del 9,19‰ al 10,73‰ entre 1998 y 2005. En 2005, el 15,02% de los nacimientos registrados en España fueron obra de mujeres de nacionalidad extranjera, aunque sólo es extranjera el 8,46% de la población española y el 10,64% de las mujeres en edad fértil residentes en España.
Por otro lado, como la mayor parte de la población que inmigra suele tener entre 25 y 35 años, el crecimiento es mayor en este grupo de edades y en consecuencia se rejuvenece la población española. Así, el 51,91% de los extranjeros residentes en España tiene entre 20 y 39 años, frente a un 32,66% del total de habitantes de España que se encuentran en esta franja de edad.
Una de las consecuencias de la crisis económica iniciada en 2008 y el alto desempleo ha sido la reducción de la natalidad en la población inmigrante tanto por la falta de recursos como por la asunción de pautas de natalidad de la población autóctona. De hecho, ya en 2011, se ha invertido la situación, teniendo España más emigrantes que inmigrantes y volviendo al flujo negativo migratorio.

Consecuencias económicas

Visiones positivas

La importante llegada de población inmigrante en edad de trabajar ha repercutido favorablemente en el total de afiliaciones a la Social, hasta el punto que cerca de un 45% de las altas registradas entre 2001 y 2005 correspondieron a trabajadores inmigrantes.
Puesto que casi la mitad del trabajo creado en estos años se ha nutrido de trabajadores extranjeros, su contribución al crecimiento del PIB en este periodo (un 3,1% medio anual, en términos reales) ha sido muy significativa.

Además, el aumento de la población laboral ha comportado un incremento de la recaudación asociada a la imposición del trabajo (principalmente por la vía de las cotizaciones sociales). Sin embargo, el bajo porcentaje de su población dependiente (de menos de 15 años y de más de 65 años, que es del 18,98% para el colectivo extranjero pero del 30,83% para la población general) hace que aporten de manera neta a la caja del Estado más que la población nacional.
Por otra parte, dado que el empleo extranjero se ha concentrado principalmente en sectores donde la oferta de mano de obra nacional resultaba escasa (construcción, hogar, hostelería, agricultura, etc.), la inmigración ha contribuido a suavizar la rigidez de esta oferta, limitando la aparición de tensiones inflacionistas y haciendo que pequeñas empresas españolas continúen con su actividad.
El hecho de que la población inmigrante ocupe puestos laborales poco deseables para la población española y el que sea una población joven, ha permitido que, a su vez los españoles ocupen puestos más altos en la pirámide laboral, que los jóvenes puedan acceder a mayor formación, que las mujeres puedan acceder en mayor número al mercado laboral y en general a que el Estado de Bienestar español continúe estable.
Visiones negativas

Otras opiniones sostienen que la inmigración ha comportado distorsiones en el mercado laboral español.

Así, aunque el PIB español ha crecido entre el 3% y el 4% entre los años 1997 y 2007, los salarios reales de la población española no solo no han aumentado, sino que han disminuido ligeramente. Señalándose que la llegada de trabajadores, presuntamente no cualificados ha forzado a la baja de los salarios en diversos sectores de la economía española como por ejemplo la construcción, la hostelería e incluso el doméstico.
Por otro lado, buena parte de los trabajos asumidos por los inmigrantes han sido creados al calor de la llamada inmobiliaria: alrededor del 30% de los trabajadores de la construcción eran extranjeros.
Lo que la inmigración habría permitido sería el abaratamiento del ciclo productivo en la economía tradicional española, al hacer innecesario acometer proyectos de modernización e I+D, debido a que la inversión no sería necesaria ya que se consigue mantener beneficios mediante la reducción de salarios. Las principales presunciones negativas asumen que:
· El fenómeno podría haber perjudicado a los trabajadores peor pagados, debido a un aumento de la oferta de mano de obra infravalorada socialmente por su cualificación laboral.
· El aumento de los beneficios económicos no se ha invertido en mejorar el ciclo productivo dentro de las empresas tradicionales.

Consecuencias socio-culturales

La llegada de inmigrantes en los últimos años ha generado una mayor diversidad cultural, religiosa y lingüística.
Aunque la evaluación a largo plazo de la inmigración en España es complicada debido a su carácter reciente, la llegada mayoritaria de inmigrantes procedentes de ámbitos culturales o lingüísticos cercanos (el 75,02% proceden o bien de Iberoamérica o bien de otros países del europeo), unido a que la inmigración es de origen variado, puede dejar entrever una integración menos problemática que la surgida en otros países de la Unión Europea.
Con todo, un estudio procedente del Ministerio de Trabajo e Inmigración de España señala que en los últimos años ha aumentado la tendencia general al rechazo de la población nacida en el extranjero, es decir, al aumento de la xenofobia. Aunado a esto las nuevas generaciones de españoles nacidos en el país siguen compartiendo los ideales identitario de sus padres extranjeros, generándose grupos interétnicos en la población nacida en España.

Consecuencias lingüísticas

Debido a la fuerte inmigración, han aparecido comunidades bilingües relativamente importantes.

Las lenguas más habladas en España -sin tener en cuenta las cooficiales- por orden de relevancia son las siguientes:
· El árabe. Los árabes se encuentran repartidos por toda España, aunque su presencia es mayor en Ceuta, Cataluña y Andalucía que en otras comunidades.
· El rumano. Son especialmente numerosos en la Madrid, Mancha, Aragón y Valenciana.
· El inglés, hablado principalmente en las provincias de Málaga y de Alicante
· El alemán, hablado fundamentalmente en los archipiélagos balear y canario.
· Ibereberes, hablados por parte de los 563.012 marroquíes que residen en España.
· El quechua, hablado por peruanos, ecuatorianos y bolivianos.
· El guaraní, hablado principalmente por paraguayos.
· El portugués, hablado principalmente en Galicia y en León
· El wu, lengua hablada por los inmigrantes chinos, procedentes de la provincia de Zhejiang.
· El búlgaro, en las provincias de Valladolid y Segovia.
· El francés, hablado por muchos inmigrantes de países africanos que han sido colonias francesas o belgas.
· Las subsaharianas entre las que destacan por número de hablantes el fula, el wólof, el mandinga y el soninké

La edad media de la población residente en España según el censo de 2004 era de 40,22 años; 40,99 para los españoles y 32,83 para los extranjeros residentes.

La mayoría de la población inmigrante viene a España buscando un puesto de trabajo, de ahí que el 52% de los extranjeros residentes en España (frente a un 32,66% del conjunto de la población) tengan entre 20 y 39 años y que el 30,19% de los extranjeros tengan entre 25 y 34 años (frente a un 17,44% del conjunto de la población).
Dentro de los inmigrantes europeos, hay un 15,85% de jubilados, por lo que la distribución por edad de este colectivo es casi igual a la española.

El futuro demográfico

Si visualizamos la tasa de natalidad sólo de españoles y nacionalizados en las últimas décadas, la población activa formada por españoles y nacionalizados sería insuficiente para mantener al resto de la población que no trabaja (jubilados, menores, estudiantes, enfermos, etc.).
Es por esto que con el progresivo envejecimiento de la población autóctona, si se mantiene una protección social y sanitaria mínima, será necesario “importar” mano de obra de otros países. ¿ Quién va a cuidar de nuestros mayores, trabajar en servicio doméstico, ser los canguros de nuestros hijos, etc… en un futuro próximo?
La respuesta es sencilla. No habrá suficiente mano de obra autóctona para estas necesidades. Y sin esa mano de obra que cotice y pague sus impuestos, el sistema de pensiones resulta insostenible.

Lo que sí es importante, es no cometer los errores del pasado y equilibrar la “oferta” y la “demanda” con trabajadores que cumplan con una cualificación determinada para los puestos requeridos. Es ahí donde la Administración y las Asociaciones Empresariales, deben invertir en formación en los países de origen para evitar que las personas lleguen a España sin formación ni experiencia suficiente.

Inmigración, economía sumergida y política de salarios

Evitar errores pasados y establecer acuerdos y convenios colectivos que regulen los salarios, la competencia desleal, etc. es algo fundamental para que no se produzcan abusos que disminuyan el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Hay que recordar que el decrecimiento de los salarios en España respecto al PIB y al IPC y la existencia de una de las más amplias jornadas laborales de la UE, es un problema grave a solucionar.

Una nueva regulación de los trabajadores inmigrantes es necesaria. Y más ahora en plena crisis. Ya que cuando comience la recuperación económica, pueden darse situaciones de explotación y de salarios abusivos, que imposibiliten la creación suficiente de empleo para los ciudadanosespañoles de la UE o nacionalizados.

Inmigración, Estado de Bienestar y políticas de empleo

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que parte del futuro del Estado de Bienestar, a pesar de los recortes, a medio plazo, dependerá de la creación de empleo y de la existencia de un crecimiento sostenido en el que los trabajadores inmigrantes van a jugar un papel fundamental.
Es por ello, necesario revisar la política de extranjería, las políticas activas de empleo y las de formación para el empleo. No caer en los errores pasados y enmendar la plana, con políticas más flexibles que se adecuen a la necesidad concreta y que actúe también en los países de origen para facilitar la entrada de trabajadores cualificados y evitar masas de mano de obra sin cualificación para desempeñar puestos de trabajo en España.

Rafael Serrulla

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