El paro con otros ojos. Enrique Lluch: “Las políticas de austeridad no acaban de funcionar. Necesitamos un rescate real”

Fotografía de Enrique Lluch Enrique Lluch en la Universidad CEU San Pablo

Enrique Lluch acaba de cambiarse de despacho. Trabaja como profesor de Economía y Empresa en la Universidad CEU San Pablo y apenas ha podido acomodarse en su despacho, con mucha luz natural pero con una ausencia absoluta de ostentación. No es que uno espere encontrar grandes alardes en el despacho de un economista con profunda conciencia social, pero Lluch ha tenido apenas tiempo de colocar un par de posters y un pequeño montón de libros.

 

Lluch es partidario, como evidencia en sus libros y artículos, de comenzar a practicar un giro hacia el decrecimiento como herramienta de cambio social hacia un nuevo sistema de valores, pero no se trata de una persona ingenua o utópica. “Las medidas para la salida de la crisis tienen dos posibles rutas: podemos decidir que queremos mantener el sistema de mercado y corregirlo, o podemos replantearnos el concepto de progreso y si el crecimiento tal y como lo conocemos es el método para mejorar nuestro bienestar”. La reflexión es interesante, porque conlleva una reflexión sobre si los simples beneficios monetarios son un buen instrumento o si queremos que nuestras empresas impulsen valores como la solidaridad o el respeto al medio ambiente, valores que ya están presentes en el contexto actual pero que, en lugar de ocupar lugares menores, podrían pasar al centro de nuestros intereses. “No se trata de eliminar el mercado sino de un cambio de prioridades”, aclara Lluch.

El hecho es que la corrección del sistema actual parece más probable: eso nos haría reflexionar sobre algunas prioridades. “El estado social”, explica Lluch “debe ser reforzado. Es preciso hacer cambios, y habrá que renunciar a algunas cosas, pero es importante mantener e incluso aumentar su presencia”. Detrás de esta afirmación está la explicación de que las reformas corrigen los múltiples fallos que tiene el capitalismo como sistema. Hacer un cambio a otro tipo de economía resulta bastante improbable, pero las correcciones son necesarias para salir de la crisis.

“Estamos en una crisis de ciclo largo en la que llevamos unos cuatro años”, aclara Enrique Lluch, “hay quien dice que nos queda un año más, y quien dice que hasta cuatro o cinco años adicionales, pero aunque hayamos tocado fondo, es probable que haya unos años con crecimiento muy bajo o casi cero. Aunque no vayamos a peor, no vamos a crecer de manera intensa hasta dentro de unos años”. Si no hay algún cambio tecnológico -o económico- muy relevante (lo que en economía se denomina un ‘shock de oferta’) no habrá, mantiene Lluch, forma de salir de una manera rápida de esta crisis

 

La responsabilidad de la situación

 

“Nos hemos encontrado ante una gestión penosa por parte de las instituciones financieras. Se atendía más a la rentabilidad que al riesgo”, explica Lluch. Para valorar una inversión financiera, se explica en economía, hay tres vectores: liquidez, rentabilidad y riesgo. Si uno de los valores es más alto que el otro, la inversión se ajusta por los dos otros lados: muchas inversiones, como la vivienda, estaban siendo mucho más rentables y líquidas que anteriormente, de manera que el riesgo estaba presente en todas estas operaciones, se quisiese ver o no. “Los estados han tolerado la situación y son también responsables del momento en el que vivimos”.

 

Lluch apunta también una cuestión interesante sobre los bancos centrales: su medición de la inflación ha sido negligente porque han tenido en cuenta solamente los bienes de consumo pero han omitido los bienes financieros, de manera que mientras que estos crecían en precio, la inflación, sin embargo, permanecía (sobre el papel) muy baja. En román paladino: cuando las inversiones subían y los bancos centrales mantenían los tipos de interés tan bajos, la especulación podía dispararse -que es justo lo que sucedió- y ahora que sería necesario poner más dinero en el mercado (para que el crédito fluyese), es imposible porque es preciso pagar la deuda. Los bancos hicieron y hacen justo lo contrario que deberían, llevando a cabo lo que se denomina un comportamiento procíclico, “en parte por culpa de muchos economistas”, lamenta Enrique Lluch “que dieron soporte teórico diciendo que ya no existían los ciclos ni estaba habiendo burbujas especulativas”. Cuando se le pregunta por la responsabilidad del ciudadano de a pie, Lluch rechaza culpar al grueso de la población, aunque matiza que la intensidad hubiese podido ser menor de haber existido mayor cautela: “Es verdad que si la gente hubiese sido más prudente hubiese habido menos operaciones”.

 

Salida de la crisis

 

“Las políticas de austeridad no acaban de funcionar. Necesitamos un rescate real”. La explicación de Enrique Lluch es la misma que estamos escuchando en muchos foros económicos internacionales, y que está basada en la paradoja de la austeridad: que una persona intente ahorrar más es positivo para esa persona, pero si toda la sociedad aumenta su tasa de ahorro la demanda agregada disminuye y la economía se resiente. Las políticas dirigidas a enfocar una revitalización de la demanda interna (cuyos factores son consumo, gasto público e inversión) son las que se están pidiendo como forma alternativa a la austeridad.

 

En cualquier caso, el foco no está en el lugar corriente: “Merkel hace declaraciones diciendo que no podemos defraudar a los mercados financieros. Nos estamos olvidando de las personas”, matiza el profesor Lluch, que pondera otras cuestiones con respecto a quién debe asumir la ayuda a los más pobres: “Actualmente el Estado está pasándole la responsabilidad al tercer sector (lo que se viene denominando como ONGs). Es posible que la Sociedad Civil deba hacer el máximo de lo que pueda y el estado financiar estas opciones: la cuestión está en hacerlo mejor, no necesariamente más barato. En muchos casos la externalización de servicios a empresas puede hacer que la empresa concesionaria del servicio apunte especialmente a la cuestión financiera y no siempre es la mejor opción, de manera que hay que analizar cada caso por separado”, detalla el profesor Lluch. No se trata de una persona sospechosa de ser favorable de recortar derechos sociales, pero sí expresa la necesidad de una reflexión para ordenar las prioridades.

 

Hay un mensaje claro que sí podemos obtener de esta crisis, según Lluch: “No podemos buscar el crecimiento a base de endeudarse excesivamente”. En realidad, parece bastante sencillo: morder más de lo que podemos masticar es lo que nos ha traído a una situación en la que tenemos que digerir el crecimiento artificial de los años anteriores a costa de crecer menos ahora e incluso pasar una temporada de recesión.

 

Hay medidas que son factibles dentro de nuestras posibilidades para mejorar la situación: Lluch tiene libros completos al respecto de esta cuestión: ”Debemos apostar por ejercer una compra responsable, asegurarnos de quién hace las cosas bien, y no solamente en cuestiones de precio. Como consumidores podemos darle importancia a quién paga a sus trabajadores, quién respeta el medio ambiente, quien toma buenas acciones. Podemos pensar en la persona a la que beneficiamos cuando compramos.” El blog de Lluch se llama “Por una economía más humana”. Comprensible.

Sergi Albir

 

Enrique Lluch Frechina (Almàssera, 1967)

  • Doctor en Ciencias Económicas y licenciado en Económicas por la Universitat de Valencia
  • Licenciado en Derecho por la UNED.
  • Bachiller en Teología por el Instituto Teológico de Murcia.
  • Máster en Comunidades Europeas y máster en Dirección y Administraciones de Empresas.
  • Profesor de Economía de la Universidad Cardenal Herrera CEU de Valencia (Cátedra de Solidaridad).
  • Miembro del Consejo Científico de la Fundación FOESSA.
  • Dirige el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valenciana.
  • Libros:
  • “Por una economía altruista” 2010
  • “Más allá del decrecimiento” de 2012

 

 

 

 

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