Vicent Soler: “Menos resignarse, cualquier cosa”

PARTE I

Vicent Soler, una opinión más que autorizada

Vicent Soler es decano de la Facultad de Economía de Valencia. Doctor en Economía. Especialista en Economía de la Comunidad Valenciana. Catedrático de Economía Aplicada en la Universitat de València. Su punto de vista de la crisis es amargo. Fue Vicepresidente de les Corts Valencianes de 1987 a 1995.

Con tales bases, la perspectiva de Vicent Soler es francamente privilegiada, y su análisis es especialmente interesante. Habla con concreción y no endulza la descripción. Matiza y habla de problemas enormes desde muy cerca. De manera bastante técnica, hay veces que casi cabe traducirle.

Al preguntarle sobre la crisis, Soler empieza a describir que “es una crisis mundial. Se define como una serie de círculos concéntricos. Es una crisis más grave en los países occidentales, más grave en la zona del euro, mucho más en el sur de Europa, y particularmente en ciertos países en ciertos países en los que la actividad económica estuvo basada en la expansión inmobiliaria y mucho más en el caso valenciano. Existe una crisis financiera de la que hemos de salir, pero además no solamente es una crisis coyuntural. En nuestro caso, es una crisis estructural. Los valenciamos tenemos un problema más grave. ¿Qué haremos cuando salgamos de la crisis? “.

La perspectiva es evidentemente muy negativa. Soler explica que “la manera de hacer las cosas de antes de la crisis no es viable después. El mundo ha cambiado de forma vertiginosa en unos años. Nuestro papel de economía periférica (el papel de un país que no ejerce de motor mundial, sino que funciona como proveedor, por decirlo así, barato, para las necesidades de producción de otros países más avanzados) ya no puede jugar el mismo papel: hay nuevas periferias en el mundo, el caso de Europa del Este, el caso de Asia, de América Latina, y por lo tanto tenemos una doble crisis, la crisis dura vinculada al ladrillo, de carácter financiera, pero además tenemos un problema de identidad económica. Ya no somos más baratos: nuestro éxito económico había sido especializarnos en actividades productivas intensivas en trabajo porque el trabajo era relativamente barato con respecto a nuestros clientes y socios comerciales que el 70% era Europa”.

Los sectores de referencia han sido los productos -incluido el turismo, si bien hubo algunas otras opciones – de gama baja porque competíamos fundamentalmente en precios.. Pero hoy en día ya no es una solución. “Nuestros costes de producción eran bajos” explica Soler ” nuestros costes unitarios eran bajos y podíamos competir en precios, pero eso ya no tiene viabilidad, porque a pesar de las livianas fronteras arancelarias, hay países más baratos y por ese camino no tenemos nada que hacer. Tenemos que reidentificarnos económicamente. Eso pasa por nuevas estrategias competitivas de nuestras empresas, que tienen que ver con la diferenciación productiva. Estrategias que exigen innovación, diseño, crecimiento de la productividad… Y estas actividades exigen más cosas que simplemente ser baratos”.

El profesor Vicent Soler. Foto Sergi Albir

El profesor Vicent Soler. Foto Sergi Albir

“Por una parte”, continúa el profesor Soler ”necesitamos capital humano (gente bien formada), pero por otra, capital físico y capital tecnológico, y todo eso está por hacer. Esto es muy fácil de decir en el mundo académico, pero en un tejido productivo de pequeñas microempresas en muchos casos y medianas empresas es muy difícil de hacer, más aún porque actualmente no tenemos financiación para este cambio.

“Esta crisis tiene de particular el enorme volumen de la deuda: otras crisis se han podido explicar por circunstancias que tenían que ver con dificultades con los recursos petrolíferos o con la crisis financiera vinculada a la reunificación alemana (cuando la actual Alemania incorporó a la antigua República Democrática Alemana el país sufrió mucho para poder poner al día a todo un país que no contaba con recursos para competir en el mercado pero debía hacerlo). Pero nunca en los países capitalistas se había acumulado tanta deuda, sobre todo privada”.

En las aulas de la misma facultad de la que Soler es decano, tanto él como muchos otros profesores habían venido advirtiendo de problema estructurales en nuestras economías. Cabe que uno se pregunte si somos tontos o ciegos. ¿No era esperable?

“Más que tontos hemos estado borrachos de tanta ganancia fácil” precisa el profesor Soler, “un poco perturbados por esa ganancias fáciles durante la burbuja inmobiliaria. Eso que se explicaba en las aulas de Economía no se escuchaba. Incluso puedo contar anécdotas de artículos enviados a revistas financieras en las que tenían muchas dudas sobre publicarlos. Artículos, por ejemplo, con el título de crecimiento vulnerable, porque decían que era un agorero. Creían que la expansión podía ser in aeternum, cuando se sabía que el sector inmobiliario es particularmente cíclico. De hecho, no sería explicable el gran colapso sobre el sistema financiero valenciano si no es por estas razones: ¿cómo es posible que entidades en principio tan sólidas como la CAM o Bancaixa, o el Banco de Valencia, cayeran de cuatro patas en la crisis?”.

De las preguntas que cabe mencionarle al profesor Soler es si ha sido ético el comportamiento que han tenido las entidades financieras. Su punto de vista es, otra vez, indudablemente técnico.

“No es sólo un problema de ética. Es un problema de profesionalidad. Por muy lisonjero que fuera el entorno aparente, los profesionales del crédito no actuaron adecuadamente. Nunca la concentración de riesgo podía ser tan desaforada. Todas las reformas bancarias vinculadas a los acuerdos de Basilea marcaban los ratios entre activos, con respecto al capital social, etc…, no se cumplían. ¿Tenían muchas presiones por parte de alguien para comportarse así? Pues debían resistirse, como profesionales. Debían resistirse a concentrar riesgos de la manera que lo hicieron, con activos cíclicos, con apuntes contables vinculados a valoraciones altas en la parte alta del ciclo económico en el tema inmobiliario. No puedes hacer un apunte contable así, porque tú sabes que no tendrá ese valor permanente, sino que es meramente circunstancial. Hay que valorarlos a un valor que los profesionales del sector financiero saben que no es el del momento más alto del ciclo, así que tenemos una serie de contabilidades totalmente trastocadas por esa falta de puridad en la lógica de la contabilidad financiera”.

Alternativas

“Menos resignarse, cualquier cosa. La gente puede escoger entre quedarse o marcharse, emigrar, pero las estadísticas que tenemos son bastante explícitas: las diferencias entre la gente con una carrera universitaria y la que no tiene formación van de un 15 a un 60%. Estamos hablando de que el mercado sí está muy segmentado según la capacidad, y más de cara al cambio del modelo productivo: el nuevo modelo no dará facilidades a gente sin formación, será más exigente y se exigirá capital humano. Ahora es complicado encontrar trabajo sin formación, pero lo será más. Los jóvenes que abandonaron los estudios por un trabajo en la construcción están ahora en la cuneta, pero además, entrar a la carretera otra vez les resultará complicado si no vuelven al proceso educativo y tienen algo que ofrecer al mercado laboral. Cualquier tipo de reciclaje profesional, ya sea una enseñanza reglada o no, será necesario”.

La duración de la crisis

“Tengo colegas que han afinado un poco y hablaban de un horizonte de unos siete años, pero es tan singular la situación, de la digestión del parque excedentario inmobiliario, de cómo reevaluar los activos tóxicos. Ya sé que el desapalancamiento (la relación de deudas con respecto a la capacidad de generar renta) de las empresas y las familias es mucho, pero queda todavía bastante para llegar a los niveles anteriores adecuados. Yo no veo la luz al final de túnel, sinceramente, y menos con las políticas merkelianas”.

Sergi Albir

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