Entrevista a Vicent Soler (segunda parte): “Cualquier medida para mejorar el déficit debe venir vinculada al crecimiento económico”.

PARTE II: Entrevista a Vicent Soler

Vicent Soler es decano de la Facultad de Economía de Valencia. Doctor en Economía. Especialista en Economía de la Comunidad Valenciana y Catedrático de Economía Aplicada en la Universitat de València. Enlace a la primera parte de la entrevista.

La responsabilidad de la crisis

Los primeros responsables de esta crisis son los gestores de las entidades financieras. Punto”. El profesor Soler se muestra taxativo y muy seguro en la definición de las responsabilidades de nuestra situación actual, pero no se detiene en la responsabilidad principal. “Segundo responsable: los supervisores. En este caso el Banco de España, y el Institut Valencià de Finances. Y en tercer lugar, es cierto que la Unión Monetaria no se hizo totalmente bien. No se completó realmente la unión monetaria. El BCE no tiene todas las competencias que tienen otras entidades como el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal de Estados Unidos. El BCE tiene unas limitaciones que le impiden llevar a cabo políticas de defensa del euro con total capacidad. Hubo una mala arquitectura europea en términos financieros que no dio capacidad suficiente a la autoridad monetaria. Todo esto es verdad: todos son responsables, y también los intermediarios financieros internacionales”. Sobre esto, Soler tiene la necesidad de matizar. “Lo que no entiendo es como aquellos que mantuvieron una actitud tan poco profesional como los intermediarios financieros últimos, esto es, los bancos españoles, no quieren asumir ninguna responsabilidad. Aquí todo el mundo debe asumir responsabilidad: desde el banco alemán que concedió dinero a las cajas de ahorro españolas, como el ahorrador alemán, chino, etc… A quien no se le puede cargar las responsabilidades es a los clientes finales. Y es lo que está pasando, como en el caso de Chipre, por ejemplo. Cargar sobre las familias y las empresas el peso de la crisis es no centrar sobre los auténticos responsables, que son los agentes financieros a todos los niveles y los supervisores”.

La corrección de esta situación es relevante. “Será un paso importante”, explica el profesor ”que el BCE cree una supervisión bancaria a nivel europeo, una mutualización de la deuda y que haya un criterio común para configurar la política de riesgos y generar un entorno de confianza. Los ciudadanos no deben ser culpados de la crisis. Todos tenemos responsabilidad, pero no tienen la parte principal ni mucho menos”.

Problemas de construcción

La arquitectura europea fue incorrecta, es incompleta”. Se han escuchado ocasionalmente voces que critican la integración en el euro, con la pérdida de la peseta como herramienta para la competitividad, pero Vicent Soler desarma rápidamente la relación causa-efecto entre la ausencia de la peseta y la situación actual. En su opinión, “en la Unión Monetaria renunciamos a la política monetaria, pero ganamos mucho. Nunca los tipos de interés habían sido tan bajos – para bien y para mal. Si se hubiese utilizado bien hubiese sido perfecto, puedes endeudarte para hacer proyectos interesantes pero se hizo mal: ha habido épocas en que el 60% del crecimiento se explicaba por el sector inmobiliario. Hemos llegado a tener más de un 15% del empleo basado en el sector inmobiliario cuando en cualquier país civilizado está en un 7 o un 8%. Todos esos desajustes tienen que ver con un mal uso de los recursos, pero podríamos haberlo empleado bien. La cesión de competencias a Europa no es intrínsecamente mala, depende de como la gestiones. Cierto es que cuando se hace una unión monetaria esperas que haya no solo una convergencia nominal (tipos de interés, deuda, déficit público) que es lo que se exigió, sino también una convergencia real, que los crecimientos de la productividad serán similares. ¿Qué ha pasado? En estos años de Unión Monetaria las productividades no han crecido igualmente: en el norte de Europa han crecido más y en el sur, menos, y en el País Valenciano, menos, incluso ha habido años en los que ha sido negativo. Porque cada vez que hay un decrecimiento en productividad hay un decrecimiento en la competitividad y con esos mimbres no se puede hacer el cesto. La única manera de solucionar, al parecer de algunos, esta cuestión es haciendo una cosa dramática: una devaluación interna, que no es otra cosa que bajar los costes laborales unitarios.

Pero es sintomático que en las políticas económicas de la derecha europea no se hable nunca de productividad y solamente de reforma del mercado laboral. Hablemos de productividad: los costes laborales unitarios no dependen solamente de los salarios. Dependen también de la productividad

Si crece la productividad, los salarios pueden aumentar y los costes unitarios incluso pueden bajar. Debemos hablar de eficiencia, de mejora en las empresas, de internacionalización de las empresas. Es un tema importante, porqué si no, si sólo se habla de reducir salarios, es un autoengaño. Siempre los chinos, los malayos o los pakistaníes tendrán salarios más bajos, o el África subsahariana. Competir con salarios bajos no tiene salida”.

 

 

Vicent Soler. Foto: Sergi Albir

Vicent Soler. Foto: Sergi Albir

Las medidas para salir de la crisis

Con respecto a las medidas que se están tomando para salir de la crisis mantiene Vicent Soler una opinión totalmente negativa. “Para empezar, se está confundiendo la causa con la consecuencia. El déficit fiscal es una consecuencia de la crisis, no es la causa. La crisis de la deuda es una crisis de la deuda privada. El déficit fiscal es una consecuencia de la crisis. El déficit público surge por la caída de la actividad económica. Sí es cierto que los gastos en algún momento fueron fijados en momentos del crecimiento del boom inmobiliario, y hay gastos que deben ajustarse, pero el déficit público no se debe al tema de los gastos, sino debido a la caída de los ingresos públicos que viene de la reducción de la actividad económica. Cualquier medida para mejorar el déficit público debe venir vinculada al crecimiento económico. Otra cosa serían parches sin lógica a medio o largo plazo”.

Las medidas de recortes tienen efectos graves sobre la economía real, explica Soler: “Después está el multiplicador del gasto público: por cada punto que rebajas en el gasto público puedes tener una imputación de caída de 1,5 puntos en el PIB.

Esto no quita para que haya que hacer dos cosas: poner los gastos públicos en función del crecimiento potencial de la economía y no en base al diente de sierra, al momento alto del ciclo. Es decir, hay que hacer recortes, pero no cualquier recorte: hay recortes que son ineficientes, y en concreto los recortes en sanidad y educación son una barbaridad. A lo mejor no hay que acabar el polideportivo que estaba previsto, pero no debes recortar en la escuela, porque estás comprometiendo el futuro. Racionalizar el gasto público sí, pero no vale todo”.

¿Qué pueden hacer los gobiernos?

Lo que queda claro es que medidas a nivel sub-europeo contra la crisis son difíciles de tomar por libre”. El profesor Soler da un apunte de historia económica contemporánea en un ejemplo cercano: Francia. “Ya le pasó a Mitterrand en el 82, con un contexto aún menos abierto que el actual. Llevó a cabo unas políticas keynesianas en un contexto no keynesiano, colocó la economía francesa en números rojos y tuvo que rectificar. Por tanto, ahora, con una mayoría de gobiernos conservadores en Europa, será difícil hacer políticas diferentes. Si fuesen socialdemócratas, tal vez podrían realizarse otras políticas, vinculadas a la actividad y el crecimiento económico, para, entre otras cosas, pagar las deudas, pero el escenario es diferente. El escenario es Merkel, Merkel, Merkel, una hegemonía de políticas de austeridad, a veces confundidas con una mentalidad luterana relacionadas con el castigo a las malas personas, que se han gastado el dinero de manera incorrecta, etc… La solución pasa por permitir que las economías europeas del norte de Europa crezcan un poco más, aún a coste de un pequeño repunte de la inflación, mejorando las balanzas comerciales y corrientes del sur de Europa y así incrementar la capacidad para pagar las deudas”.

No todo es como parece. No ha habido tanta mano dura para los bancos como parece. “ Porque, revela Soler, “el BCE ha ido haciendo fluir dinero, por la puerta de atrás, que ha permitido que la banca del sur haya mejorado un poco, pero esto no es sano. Sería mejor que el BCE jugase con todas las cartas sobre la mesa, de manera más clara, vinculando la supervisión directamente a la banca. Si no, los bancos acaban prefiriendo conceder dinero a los estados y se produce un efecto crowding out, que es un tema gravísimo (se trata del caso en el que la inversión pública desplaza a la privada). Afecta mucho al sector privado: lo que hay que hacer es acabar rápidamente la arquitectura de la Unión Monetaria, la Unión Bancaria, una armonización fiscal -no es posible que existan dentro de Europa todavía semi-paraísos fiscales, tales como Chipre o Irlanda- porque si no, la Unión Monetaria no se consolidará. En unos meses de crisis económica se ha avanzado en esta arquitectura más que en muchos años de las fases previas, pero aún es un estado insuficiente. Una vez estuviesen estos pasos solucionados, habría que permitir al BCE que se desvinculase un poco de la tradición alemana, de la inflación cero, y dejar actuar un poco una lógica expansiva, sobre todo a los países que tuviesen mayor capacidad de demanda, que estimularía el crecimiento en el sur de Europa”.

Alemania es la clave

Tal vez, tras las elecciones alemanas del otoño próximo, puedan permitirse estos cambios”. El peso del gigante alemán no pasa inadvertido para el profesor Soler, que habla del problema de imagen pública que tienen los países del sur en el norte de Europa. “Los medios de comunicación alemanes han creado una imagen de que los países del sur somos unos despilfarradores y eso no es verdad. Ha habido una mala utilización de los fondos públicos, es verdad, pero no siempre, y una mala gestión de los responsables de los intermediarios financieros, pero también ha pasado en Alemania: las cajas de ahorros alemanas tienen problemas tan grandes, o más, que las españolas, y nadie habla de ello. El alemán medio está muy a favor de las políticas de Merkel porque es lo que le han explicado. Hasta que la mentalidad y la percepción no cambie y en eso tienen mucha responsabilidad los líderes políticos alemanes, holandeses, y de otros lugares. Hay un problema de imagen pública, no solamente tenemos un problema de crisis, sino que la cuestión de “Marca España” no está funcionando bien: la corrupción, las instituciones, la propia monarquía…

En el tema financiero se ha hecho muy mal, pero con las zonas opacas que existen aquí, tienen motivos para dudar desde el norte. Para dudar. Sin las convicciones que tienen, pero en ese aspecto, la Ley de Transparencia sí ayudaría”.

La tasa Tobin

Uno de los conceptos que se ha venido escuchando recientemente es el de la tasa Tobin. Explica Wikipedia, por ejemplo, que “la tasa Tobin o ITF(Impuesto a las transacciones financieras)es un tipo de tasa sobre las transacciones financieras que fue propuesta por el economista estadounidense James Tobin en 1971”. La tasa ha sido reclamada por algunos movimientos proponiendo, además, que las cantidades empleadas se usen para fines sociales, lo que difiere de la idea original de Tobin.

“Es perfectamente posible” detalla Vicent Soler, ”especialmente en un nivel europeo, y ojalá se hiciese a nivel mundial. No es verdad que la gente huya de las zonas donde se aplica la tasa Tobin, porque es una nimiedad con las expectativas de rentabilidad financiera. La gente no se mueve, en realidad, por este motivo. Por lo tanto, tiene mucho que ver con las expectativas de rendimiento del sector financiero el hecho de que la tasa Tobin no distorsione el movimiento de capitales en el entorno europeo”.

Endeudamiento

Endeudarse no es ni bueno ni malo, depende de para qué. Puedes endeudarte y pagar perfectamente si inviertes en actividades productivas que son capaces de generar beneficios para que sea rentable. Pero si haces gastos suntuarios, no es viable. En economía explicamos una cosa desde el primer año, el coste de oportunidad. Si tú organizas un evento de Fórmula 1, muy bien. No es que sea bueno ni malo, pero dejas de hacer otras cosas. ¿A costa de qué? ¿De tres escuelas que no puedes hacer? ¿De cinco hospitales? En muchos casos, si la gente tuviese en cuenta el coste de oportunidad quizás sus decisiones electorales se verían alteradas. No se trata de criminalizar el gasto en sí, sino de preguntarse en qué, para qué y a costa de qué”.

Sergi Albir

Información adicional sobre Vicent Soler: http://www.vicentsoler.es/

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